VACA CIONES CON MADRE DIA 4

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Tres intentos. Al tercer intento, después de conectar los bornes de la batería, se ha puesto en marcha la Expres de Mipadre.

Madre, mientras con la cucharilla rescataba media magdalena del tazón de café con leche, me ha pedido un favor.
“Le he dicho a Mitio que ya que no haces nada le ibas a llevar por agua a la fuentel choto, coge la Expres que no la has sacao en tol año”.

Pues allá vamos. Mitio y Ricardo, dentro de la Expres roja con 12 garrafas de 5 litros en la parte trasera, vacias y dando tumbos de lado a lado. Casi no escucho a Mitio, va repasando en voz baja la propiedad de cada finca y quien la tiene a rento, si esto no es lo mismo. Yo me entretengo viendo por el retrovisor garrafas dando saltos y más atrás el polvo, detras del polvo, más polvo.

Cada garrafa 15 minutos, hay sequía. No llueve desde el seis de junio. Sólo un hilito de agua, pero ya que estamos allí Mitio se empeña en llenar todas las garrafas.
Entre una y otra Mitio se enjuaga la boca con un sorbo de agua y lo escupe.
A Mitia de vez en vez le cuesta hacer de vientre y este agua dicen que siempre ha sido buena para esos asuntos, estreñida gasta maña ostia…

De vuelta tres horas más tarde. Escucho, ahora alto y claro a Mitio… “Mecaguendios!! Ojalá me muera yá”. Mientras aparto la vista del camino me llega el olor como un guantazo, mierda… Sin tiempo para comprender nada, la Expres ya está rodando fuera del camino y de una sacudida brusca se detiene contra unos matorrales.
Entonces le dirijo la palabra a Mitio por primera vez en toda la mañana. “Pues si, ojalá te mueras yá”.
La rueda de repuesto estaba desinflada y hemos tenido que dejar la Expres allí, en el barraquillo, amorrada a los matorrales. Gracias al agua de las garrafas he podido asear a Mitio, pero para limpiar la mierda de la ropa no ha sido suficiente.

Ricardo andando por el camino y Mitio con el mondongo al aire tras él. Esto es lo que ha visto Toñin cuando viniendo desde atrás nos ha adelantado con su tractor pala.
Se ha detenido un poco más adelante y ha abierto la puerta, sin decir ni una sola palabra. En la cabina pensada solo para el conductor y ahora ocupada por tres cuerpos hemos llegado al pueblo, los tres en silencio, y aún sin decirnos nada.
Todavía huelo la mierda de Mitio.

Hoy he salido al campo