[ESTRENO] La Calavera rosa, capítulo 5. Una novela de LeoCaprio DiNardo

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CAPÍTULO 5

Subí corriendo las escaleras y me paré justo frente a la furgoneta, o más bien a lo que quedaba de ella. De la parte del motor salían pequeñas llamas, los cristales y las puertas delanteras ya no existían, la mitad de adelante estaba calcinada, las ruedas apoyadas sobre las llantas y en el asiento del conductor y acompañante había trozos de carne, restos de lo que antes había sido el cuerpo de Furgoneto y uno de sus conductores habituales.

La gente que estaba cerca aún parecía que estaba en estado de shock tras la explosión. Había silencio total en la calle, salvo por el sonido de las alarmas de varios coches y comercios cercanos. Al fondo de la calle apareció un Mercedes Clase S color negro doblando la esquina lentamente, se paró a mi lado y la puerta de atrás se abrió. Bluelieta se echó a un lado y apoyó su mano en el asiento indicándome que subiera al coche.

Subimos por calle Danza Invisible hasta la avenida Isabel Manoja, seguimos hasta la Rotonda del Turista y dejamos a un lado el Palacio de Congresos de Torremolinos en dirección a la autovía. Se podía escuchar de fondo las sirenas de la policía y los bomberos. Hicimos todo el recorrido en silencio hasta que nos incorporamos a la autovía dirección Fuengirola y fue entonces cuando Blue me dijo

– No te preocupes por Sergio BañoS, es carne de perro, en pocos días seguro que le dan el alta, la herida le va a dejar un tiempo en fuera de juego, pero no se van a librar de él tan fácilmente –

– ¿Quién quiere cargárselo? Desde luego el desgraciado de Furgoneto ya no va a poder intentarlo más veces, acabo de dejar un trozo suyo en la alfombrilla de tu coche –

– ¿en serio preguntas quién quiere cargarse al bueno de Sergio? El pobre estaba esperando a que Furgoneto saliera del restaurante donde estábamos cenando, cuando se acercó para pedirle explicaciones sobre la bronca que tuvo con Ferrero, uno de los guardaespaldas de Furgoneto le apuñaló y se montaron en la furgoneta, pero el cabrón sacó una granada de mano, la soltó dentro y bajó por las escaleras del Clarence –

– ¿y tú cómo cojones sabes todo eso? –

– Sergio llevaba días acosando a Furgoneto, y él ya estaba con la mosca detrás de la oreja. En cuanto lo vieron fuera del restaurante Carascroto llamó a una de las multicuentas de Furgoneto para distraerlo. Esos trozos de carne que viste son de Moxica probablemente, nosotros vimos todo lo que pasó desde la ventana del reservado. Nadie se esperaba el numerito de la granada, pero tampoco les pilló de sorpresa –

Blue no parecía estar mintiendo, y tampoco es que me importase mucho que Furgoneto estuviera vivo o muerto, pero si me preocupaba que Sergio BañoS pudiera salir de esta, pero la verdad es que tenía mala pinta todo este asunto. Putas multicuentas, uno ya no puede estar seguro de nada.

El guarda de la garita abrió la barrera y dejó pasar el Mercedes. La Zagaleta era el complejo residencial más exclusivo del país y probablemente de Europa. Un antiguo coto de caza repleto de pinos y encinas que se transformó en una urbanización de lujo a pocos minutos de Marbella.

– ¿Habías estado aquí alguna vez? –

– Pink me trajo a una fiesta de un traficante de armas, creo que era familia de Adnan Khashoggi –

– Espero que te sientas como en casa

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La entrada de la mansión estaba adornada con dos grandes columnas de estilo romano que enmarcaban una gran verja de metal con ornamentos y filigranas, y justo en el centro se podía ver una gran F doble que me resultaba familiar. Cuando bajamos del coche se escuchaba música de fondo en los jardines traseros. Blue se disculpó y fue a ponerse algo más informal que aquel elegante traje negro que casi parecía una segunda piel. Me dijo que fuera a la piscina, que me mezclase con la gente y bebiera algo, ella bajaría en un rato.

La entrada de aquella mansión era un auténtico despliegue de poderío, todo mármol blanco, candelabros, lámparas de araña, muebles que valdrían diez veces más que todo mi puto apartamento de las Tres Torres. El Mercedes subió por una carreterita asfaltada, rodeada de unos jardines cortados con precisión milimétrica, hasta llegar a una pequeña rotonda con una fuente que quedaba justo en la entrada de aquella impresionante propiedad.

Blue subió por una de las dos grandes escaleras que llevaban a la parte superior. Yo miraba el movimiento de su culo al subir mientras buscaba mi bolsita de M, cuando la encontré, metí el dedo bien dentro, me lo chupé y seguí caminando hacia la puerta que daba al jardín trasero mientras el amargor me provocaba arcadas.

Cuando salí al jardín me paré unos segundos a observar antes de mezclarme con la gente, una costumbre que en más de una ocasión me había salvado de hacer el ridículo e incluso de librarme de situaciones complicadas.

Lo primero que captó mi atención fue un grupo de mujeres bastante atractivas y de distintas edades, todas en traje de baño del tipo elegante de las grandes firmas de moda. Estaban hablando y riendo,pero no se escuchaba la conversación, tan solo la música que sonada de una sesión de algún DJ que yo desconocía.

De repente, un tipo con cara de gilipollas y bastante maricón se acercó a mi con los brazos abiertos y me dijo:

– ¡Hombre Leo!, ¿qué tal?, te estábamos esperando. ¿Has visto mi nueva moto? –

El tipo llevaba un traje de baño color rojo con una F amarilla delante y otra detrás, y realmente tenía cara de imbécil. Me puso la mano en la base de la espalda, muy cerca del culo y me dirigió hacia el grupo de mujeres. Mientras nos acercábamos, por el rabillo del ojo pude ver una gran mesa redonda donde se sentaban unos cuantos hombres, no pude ver sus caras ya que estaban dentro de una carpa, detrás de un velo blanco, pero supuse que eran los maridos de aquellas mujeres a las que iba a conocer en un momento.

– Anna, este es LeoCaprio DiNardo, nuestro huésped de honor esta noche, haz que se sienta cómodo, búscale algo de beber y preséntale a tus amigas. Y ahora me disculpas, tengo negocios que atender, por cierto, ¿has visto mi moto nueva? –

La mujer que aquél imbécil se me acercó para darme dos besos mientras su marido desaparecía tras el velo de la carpa. Tenía toda la pinta de ser de Europa del este. Mientras se presentaba y me daba dos besos, de esos que van a parar muy cerca de las comisuras de los labios, su mano acarició mi polla de manera descarada.

– Hola Leo, ven que te voy a presentar a mis amigas. Chicas, este es Leo. Leo ellas son LaSonia, Trolasa, Isa, PanConQueso, Uva De La Ira y Osapanda

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Las tipas esas me miraron de arriba abajo sonriendo, saludaron y siguieron hablando de sus cosas. Anna me agarró de la mano y me dijo que la acompañase al bar del Spa.

– ¿qué sueles beber cariño? –

– ¿Tenéis Monster blanco? –

– Aquí tenemos de todo lo que tú quieras –

– Pues un Gin-Monster entonces –

El bar del Spa tenía un techado de madera y paja estilo balines, una barra llena de todo tipo de bebidas, y equipada para preparar cocteles, todo muy elegante. Anna indicó al barman con un gesto que se fuera, nos metimos tras la barra y mientras ella preparaba mi copa yo intentaba fijarme en quienes eran aquellos tipos que andaban reunidos con el imbécil de la moto.

A pesar de lo amable y amistoso que había estado conmigo, aquel tipo parecía furioso, estaba gritando al resto de los que estaban en la mesa y creí entender algo así como “me importa una mierda quien sea el responsable” y algo sobre unos memes, y de tener que “encontrar al culpable de todo el flame”

Mientras me concentraba en escuchar toda esa mierda no me di cuenta de que Anna estaba ahora de rodillas, y cuando miré hacia abajo clavó sus ojos en los míos y sin dejar de mirarme comenzó a sacarme la polla y a lamerla despacio. Con una mano acariciaba mis pelotas y con la otra masajeaba mi rabo mientras su lengua lamia la punta, siempre sin apartar su mirada de zorra de mis ojos.

Yo la miraba a ella, y miraba hacia la mesa donde estaban reunidos, me costaba concentrarme en la conversación, algo me decía que podía sacar algo de información valiosa, pero la tipa esta me estaba haciendo una mamada profesional, se metía toda la polla en la boca hasta que su nariz tocaba con mi vientre, la sacaba lentamente, movía la lengua sobre mi capullo y volvía a metérsela entera, todo sin una arcada, moviendo su cabeza con un ritmo constante y perfecto mientras se la tragaba entera una y otra vez.

En cuanto notó que mi respiración se agitaba, me agarró de las pelotas y enterró mi polla en su garganta. Yo la agarré de la cabeza y se la empujé contra mi hasta que le llené toda la garganta de mi esperma.

En ese instante el barman regresó, pero tenía la cara encapuchada, sacó una pistola del interior de su chaqueta y le voló la cabeza a Anna que aún estaba relamiéndose los labios. Yo con la polla todavía dura y restos de sesos en las ingles miré al barman, levanté las manos y antes de que pudiera pedir suplicar por mi vida, se quitó la capucha y me dijo

– Cúbrete Leo, esto va a ponerse muy feo –

Sobando, que iba vestido de barman, saltó por la barra y corrió hacia la carpa mientras Hombre Tigre aparecía en escena con una Uzi en cada mano disparando contra todo lo que se movía. El imbécil del bañador recibió varios tiros en la cabeza, en el torso y en la espalda tanto de Hombre Tigre como de Sobando, el resto de los miembros de la mesa acabaron con los cuerpos apoyados en la mesa en un gran charco, mezcla de sangre de un conejo, un guardia civil y un viejo friki.

Tras el shock, me guardé la polla y salí corriendo en medio de una lluvia de balas que me pasaban rozando y silbando. Corrí hacia la puerta que daba al interior de la mansión, y justo cuando la atravesé, algo me noqueó y caí al suelo inconsciente.

Recobré el sentido bruscamente mientras Blue me miraba y me decía con calma “Despierta Leo…tranquilo…

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