[ESTRENO] La Calavera Rosa, capítulo 3. Una novela de LeoCaprio DiNardo

CAPÍTULO 3

Dejé atrás el portón de la mansión de Pink y bajé andando la cuesta que llevaba directamente al Papúa. Ricardo era el tartaja con el caso más raro de tartamudeo que había visto en mi vida, unía y cortaba las palabras como le salía del nabo y a veces para entenderlo era complicado.

Dentro olía como a puchero viejo, como huelen algunos rellanos de los pisos viejos del Calvario, un olor que uno no espera encontrar en un club de intercambio de parejas.

– Vamos Ricardo, ¡no me jodas! –

– Note jodo Leo, Carascroto no tendría pro blemani nguno endestrip ar acual quierdes graciado, perote estoydicien doque no fue él, hevis tolasimágen esuna y otravez yseve clara menteco mosale porpata sarrastrandoa lachica cogidadel brazo, ynise acerca a la habit ación dondeencon traron alchino –

– Espera, espera… no sabía que el tipo era chino, el Capitán nunca mencionó nada, y a ese hijo de puta no se le escapa una –

– Puesera uno de los chinosque están siem preen el Bingo controlan dolastra gaperras delaentrada, a veces venía a pajear semirando algu napareja follaren loscuar tos y poco más –

– ¿un chino del Bingo?, joder, ¿Pink se ha enterado? Acabo de estar en su casa y tampoco ha mencionado nada, parece que alguien no quiere que se hable del tema –

– Dudo quePink nose hayaente rado, se hace eldesp istado, peronose leesca pauna, túbien losabes. Des deque DarCera lleva el con trol delos restaurantes ylas salas dejuego está to dobiena tado, seguro queya estábus candoal hijodeputa que destri póal chinocudeiro. –

– Tengo que largarme de aquí, no puedo perder más tiempo contigo. ¿Por qué cojones huele a puchero viejo? –

Kaskina está prep arando unco cido abajo, noshadicho quelesale depu tamadre, pero estoy empe zando adud arlo. Por cierto, ¿quéte parece lafot oquete heman dado?, nome hasdi chonada julandrón –

– Deja de mandar fotos de pollas puto degenerado –

– ¿Note gu sta? Esla polladeMbappé, ayer estuvo po raquí y lepi lléun buen pri merplano mien trasu saba lamaz morra, ese chaval tie nemucho dinero, siempre vien ebien teneral goasí en tremis archivos –

El cabrón de Ricardo era un tartaja pervertido, pero listo de cojones.

Salí de aquel sitio lo más rápido que pude. Estaba empezando a notar los calores del subidón de M y en vez de respuestas, solo había encontrado más preguntas, necesitaba aire fresco y aclarar mis ideas.

Si Carascroto no se había cargado al chino, ¿quién lo había hecho, y por qué? Me iba a tocar remover una olla de mierda que seguro acabaría salpicándome, y aún tenía que hacer tiempo hasta que abriera el Clarence Jazz Club para poder hablar con RotoR.

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Toda la línea de costa de Torremolinos estaba plagada de hoteles, chiringuitos, bares, restaurantes y zonas de ocio. Cada año se hacían obras menores, se pintaba, se reparaba aquel concepto de turismo de sol y playa que tanto glamour había alcanzado en los años 70, y del que ya solo quedaba un leve aroma a crema Nivea, aceite de coco y espetos de sardina.

El chiringuito Pepe y Carmen estaba al final del paseo marítimo de Los Álamos, y era el único de toda la costa que todavía conservaba aquel aspecto ochentero, una estructura de madera, con su chambao de cañizo y las mesas y sillas en plena arena de playa. El sitio perfecto para mi base de operaciones.

Me pedí un Gin-Monster, me quité los zapatos, me desabotoné la camisa y poco a poco, casi sin darme cuenta fui quedándome dormido en la silla.

Me despertó un tortazo en toda la cara que ya me sonaba de antes, me dolía la cabeza, estaba completamente atontado y cuando intenté moverme noté que tenía las manos atadas con bridas.

En cuanto pude enfocar la vista supe que estaba jodido… Carascroto estaba a mi lado sonriendo, si es que a esa mueca desfigurada se le puede llamar sonrisa. Dio un paso hacia un lado y junto a él estaban Diego, Julius MasterZog y Birxov. Miré lentamente a ambos lados, tratando de ganar algo de tiempo mientras encontraba la manera de escapar de aquel aprieto.

Birxov estaba a mi derecha, en su típica postura de russian squat. Era un chuloputas que vivía de embaucar a chavalas de pueblo que llegaban buscando una mejor vida en la Costa del Sol. Las buscaba por Tinder o Instagram, las atraía con la promesa de una vida de lujo, romance y aventuras. Las introducía en el mundo del porno y las drogas, y acababan explotadas, trabajando para pagarse la coca y costear el ritmo de vida lujoso de aquel hijo de puta.

Julius vigilaba la puerta de su caravana sin dirigirme la mirada. Era dueño de varios desguaces de coches del Polígono Guadalhorce, un tipo huraño y con mala hostia, pero con una sensibilidad para la fotografía que no casaba con aquel ambiente. Vivía en una caravana aparcada al fondo de uno de los desguaces. El interior estaba lleno de fotos enmarcadas de puestas de sol, de paisajes urbanos, y de naturaleza viva, todas de una gran belleza, que se peleaban con el desorden y la suciedad del resto del habitáculo, que olía a gallinero y donde hacía un calor infernal.

Diego, que era el único que se dirigía a mí, estaba justo enfrente mía. Era un ex Guardia Civil, al que habían expulsado por mandar a la uvi a un par de menas que andaban robando al descuido a los guiris en la playa de la Malagueta. El video de la paliza se hizo viral, y Furgoneto no tardó en ficharlo para que se encargase de la seguridad.

– ¿Qué pasa Leito?, cada vez aguantas menos la bebida, te estás amariconando –

– Déjate ya de gilipolleces y quítame las bridas Diego, no tengo ganas de participar en vuestra orgía de nazis maricas –

Esta vez recibí un golpe con el puño cerrado en la boca del estómago. Estuve a punto de caer de la silla donde estaba de piey me costó un rato volver a recuperar el aire.

Julius abrió la puerta de la caravana, bajó la mirada al suelo y dejó pasar a una mujer a la que reconocí al instante. Era la misma mujer que había visto entrar en el Clarence, la que se marchó en Taxi con Carascroto, la misma que había huido junto a él tras el incidente con el chino en el Papúa.

– Tú eres LeoCaprio DiNardo, ¿verdad?, yo soy Bluelieta, pero puedes llamarme Blue

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